Especial Halloween: el Gwishin escolar

Volvemos con más historias de terror en Corea. Si te perdiste la anterior pincha aquí

Hoy es 31 de Octubre, más conocido como la noche de halloween y hoy veremos al cuarto tipo de Gwishin, ¿qué es?, ¿qué hace? y ¿cúal es su historia? Averiguadlo a continuación.



El Gwishin Escolar



¿Os habéis fijado cuánto tiempo estudian los coreanos en sus escuelas? Es mucho.

Tanto es así que incluso existe el “periodo de libre estudio nocturno” (야간자율학습) en el que los estudiantes se quedan en sus escuelas hasta medianoche, especialmente en los institutos, cuando estudian para los exámenes de ingreso a la universidad.

Aunque se quedan hasta tan tarde, los institutos no necesariamente tienen que estar bien iluminados.

Hay pasillos oscuros, clases vacías y llenas de objetos extraños, sótanos… Además, desafortunadamente, los institutos con una larga historia cuentan con estudiantes que se han suicidado allí.

Historias de almas dolientes vagando en la oscuridad existen en cada escuela, todas diferentes, pero siempre con algo en común. Esas historias han sido el tema principal de muchas películas de terror coreanas, que incluyen siempre a la gwishin de pelo largo o corto y en este caso, vestida con el uniforme escolar.


Si el gwishin de los institutos son almas perdidas, en las escuelas primarias las historias son un poco diferentes. Los niños son inocentes y la fuente del miedo es más “elemental”. La mayoría de colegios tienen estatuas de figuras históricas famosas y también es común ver estatuas de niños leyendo: por la noche esos niños cobran vida y recorren los pasillos de las escuela.


Como ya dije anteriormente, los Gwishin escolares son muy populares en Corea, hay cientos de historias y películas de terror sobre estos fantasmas, por lo que compartiré con vosotros una de las historias más populares sobre ellos.

Las múltiples molestias de compañeros de clases son muy comunes por lo cual en esta historia una Gwishin fue víctima de ellas.

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Historia


La Chica que pisó una tumba



Una noche después de clases, unos compañeros de clase celebraban una fiesta en un parque, entre risas y alcohol comenzaron a contar historias de terror. En la misma calle, había un cementerio y uno de ellos comentó lo mucho que le aterraba pasar por allí. Aprovechándose del miedo de su amigo, otro de los jóvenes advirtió al resto con la siguiente frase:

– No se os ocurra nunca pisar sobre una tumba cuando se ha puesto el sol. Si lo haces, el muerto te agarra y te mete dentro-comentó uno de ellos.

– Mentira – replicó Ha Na– Eso son sólo supersticiones.

– Si tan valiente te crees ¿por qué no nos lo demuestras? Te daré dinero si te atreves, apostó el chico.

– A mí no me dan miedo las tumbas ni los muertos, respondió ella. Si quieres te lo demuestro ahora mismo.

El chico le tendió su navaja. Clava esta navaja en una de las sepulturas le dijo. Así sabremos que has estado allí. Sin dudarlo Ha Na cogió la navaja y se dirigió con paso firme al campo santo bajo la mirada atónita de sus amigos.

El cementerio estaba lleno de sombras, había un silencio sepulcral y sin quererlo, el miedo se fue adueñando de la chica que con cada paso. Sentía cientos de ojos vigilarla y un aliento helado en la nuca.

Los chicos en un intento de asustarla, la siguieron ocultándose tras las sepulturas y haciendo ruidos.

– “No hay nada que temer”, se repetía a sí misma Ha Na para tratar de calmarse.

Escogió una tumba y pisó sobre ella. Los chicos observaron escondidos como su intento por asustarla fue en vano, al ver que había elegido decidieron volver y esperarla fuera

Ha Na después se agachó rápidamente, clavó en el suelo la navaja y se dispuso a marcharse. Pero no pudo. ¡Algo la retenía! Lo intentó de nuevo, pero seguía sin poder moverse. Estaba aterrada.

– ¡Alguien me sujeta! gritó, y cayó al suelo.

 

Al ver que no regresaba tras un buen rato, los chicos fueron en su búsqueda nuevamente. Encontraron su cuerpo tumbado sobre la sepultura, fría, rígida y con la cara totalmente desencajada del miedo. Sin darse cuenta, Ha Na se había enganchado la falda con la navaja al clavarla en el suelo. Era la navaja lo que la retenía y ella había muerto de miedo tras sufrir un ataque al corazón

Los chicos salieron corriendo del lugar dejando el cuerpo de ella en el mismo lugar y decidieron no hablar de eso nunca más.

 

Tiempo después cada uno de los chicos decían que oían ruidos extraños en el colegio y que incluso sentían la presencia de ella en su asiento, Ha Na los atormentó hasta que no pudieron más y acabaron suicidándose uno a uno. Tras la muerte de ellos, Ha Na encontró su venganza y  nunca más volvió a atormentar a nadie.


Hasta aquí la leyenda de hoy, gracias por leer, comenten si os gustaría leer más historia de este tipo.

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