Fábulas y leyendas de Corea (II)

Continuamos con la colección de artículos sobre las leyendas y fábulas de Corea. En esta ocasión, os traemos 3 leyendas muy interesantes.

                   EL LITERATO DE IMSIL

En el año 1654 vivía en Imsil un hombre de letras, destacado por su sabiduría y bondad. Afirmaba que podía controlar a los espíritus y que tenía dos demonios a sus órdenes, mas nadie le creía. Una vez, apostó con un amigo que quien perdiese esa partida de ajedrez, pagaría una ronda de bebidas. Su amigo perdió, pero se negó a pagar la deuda. Como castigo, el erudito gritó al viento y unos seres invisibles comenzaron a pegar a su amigo.

En otro ocasión, el literato se encontraba en una ceremonia de exorcismo y tuvo que alejarse corriendo, gritando a los árboles. Un amigo se extrañó y preguntó por su comportamiento. El hombre respondió que debido a la ceremonia, una gran cantidad de demonios estaban rodeando a todos los aldeanos, por lo que tuvo que frenarles antes de que una matanza ocurriese.

Por último, el erudito y un amigo estaban de camino a una posada durante un largo viaje y éste comenzó a gritar “¡Suéltala, suéltala te digo o te castigaré!” Su amigo se quedó sorprendido y no comprendía el comportamiento de su compañero.

Cuando llegaron a la posada, el dueño les echó fríamente, pero antes de salir corrió hacia ellos para pararles. El posadero contó que esa misma noche su hija había muerto, pero poco después resucitó. Ella contó que había visto cómo un hombre impedía que el espíritu que la arrastraba a la muerte se la llevara.

Su hija reconoció a ese hombre, era nuestro erudito. El posadero ofreció todo lo que pudo al literato, pero nuestro protagonista, entre risas, negó haber sido él.

 

                     EL SOLDADO DE KAN-WHA

En Oriente se dice que si pudiéramos controlar las partículas del aire, seríamos capaces de crear formas de vida. Esta es la historia del militar de Kan-wha. Un día, se encontraba en casa con su esposa, quien estaba enormemente enfadada con su marido. El hombre le preguntó a su esposa si quería verle crear unas mariposas para así apaciguar su enfado. Ella rió, hasta que vio a su marido coger un puñado de retales de seda que tenía su esposa y los metió en su manos. El hombre pronunció una corta oración y lanzó los retales al aire, los cuales se convirtieron en varias pequeñas mariposas que movían sus alas. La mujer quedó maravillada por aquel milagro y no pudo articular palabra. El soldado era capaz de controlar esas pequeñas mariposas, haciéndolas moverse por toda la habitación. Hasta que cerró las manos y los retales de seda cayeron al suelo, sin vida.

Poco después, otro hecho quedó escrito sobre este hombre. En 1627, Kan-wha estaba siendo saqueada por los manchúes. Todos los aldeanos huyeron, mas nuestro mágico soldado dijo que no debían preocuparse, nadie tocaría su aldea. Y así fue, todas las aldeas sufrieron los daños, menos su aldea.

 

                 EL HOMBRE DE LA CARRETERA

Durante la guerra manchú de 1636, la gente de Seúl tuvo que huir corriendo. Un grupo de aldeanos, se encontró atrapado entre las montañas frente a un batallón del enemigo. No tenían forma de huir y los soldados estaban alcanzándolos.

Uno de los aldeanos, vio a un lado del camino a un señor sentado tranquilamente junto a su caballo y un par de sirvientes. Se extrañó mucho por la templanza del hombre, debido a las circunstancias que sucedían en esos momentos en el camino. Se acercaron a él y éste les dijo que no debían preocuparse, solamente sentarse a su lado.

Los aldeanos, sin ninguna otra opción, aceptaron el consejo del hombre y se sentaron a su lado. Sus sirvientes pusieron una tela blanca delante de ellos y los soldados manchús pasaron y pasaron, durante todo el día. Los aldeanos y el hombre del caballo estuvieron allí parados todo el día, mientras los soldados pasaban de largo.

Cuando todos los soldados se fueron, los aldeanos agradecieron al extraño hombre por salvarles la vida.

Poco después, los aldeanos se encontraron con un sobreviviente, éste les contó que no había nada allí donde los aldeanos decían haberse escondido. Sólo se veía un inmenso desfiladero de rocas. La pantalla blanca había transformado el paisaje, escondiendo a los aldeanos.

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Acerca de Sofia Sanchez 17 Articles
Estudiante de Comunicación Audiovisual. Se me da mejor estar detrás de una cámara o un micro. Enamorada de la música, el diseño y la edición. Aprendiendo día a día.

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