Historias de Terror de Corea: El Jayuro gwishin (자유로 귀신)

Anteriormente hablamos de 2 diferentes tipos de Gwishin o Fantasmas Coreanos  (Podéis ver el blog a anterior aquí Mul Gwishin) y ahora os enseñaré la siguiente categoría que tiene muchas leyendas que contar. ¿Estáis preparados?

El Jayuro gwishin(자유로 귀신)

El Jayuro gwishin (자유로 귀신), son almas en pena de personas que han muerto en accidentes de carretera.De estos hay dos categorías; los hay “Buenos” quienes ayudan a las personas dando señales para que eviten accidentes futuros o los lleven a descansar en paz y los hay “Malos” que son aquellos que provocan los accidentes para tener a alguien más con quien compartir su soledad y tristeza.

Muchos son los que aseguran haberse encontrado cara a cara con uno de estos fantasmas. Jayuro es el nombre del tramo de autopista que une Goyang con Payu, situado al norte de Seúl. Esa carretera se sitúa paralela al río Han y es famosa por estar frecuentemente cubierta de niebla, lo que da lugar a muchos accidentes de tráfico.

Pero algunos coreanos culpan de los accidentes a algo menos “normal”. Muchos de los que conducen por esta autopista han mencionado haber visto a una persona de pie, junto a la carretera, una joven angustiada y con lo que parecen ser gafas de sol… aunque conforme se van acercando, se dan cuenta de que no son gafas de sol, sino sus cuencas vacías.

Leyendas

Hay muchas leyendas sobre esta carretera, pero contaré las tres más populares entre los surcoreanos.

Historia número 1

Existe una leyenda urbana sobre un taxista que recogió a una joven en un día lluvioso cerca de Jayuro. Tras introducir en el GPS la dirección que le indicaba llegaron a un área remota. Cuando miró a través del espejo retrovisor y le preguntó a la pasajera por direcciones más detalladas, descubrió que ella ya no estaba allí.

Sorprendido paró el coche, justo delante del cementerio. Su pasajero había llegado a casa.

Historia número 2

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Un matrimonio con su hijo pequeño viajaban de noche por la carretera para llegar a la casa de unos familiares, era muy de noche, habían varias curvas, la estrechez de la calzada y la espesa niebla que cubría todo el trayecto hacía que aventurarse por ese camino fuera realmente peligroso.

De improviso una mujer con la ropa ensangrentada se cruzó en la carretera obligando al padre de familia a frenar en seco.Tras el susto el señor bajó del coche con la intención de ayudar a la mujer que muy alterada y llorando les explicó que había tenido un accidente y su coche había caído por el barranco.

La mujer le rogó que la ayudara ya que su bebé aún se encontraba en el vehículo atrapado entre unos hierros y ella era incapaz de sacarle de allí por si sola. La caída era de varias decenas de metros y aunque el coche había destruido parte de la vegetación mientras rodaba montaña abajo, de no haberle avisado la mujer, muy probablemente nadie hubiese encontrado al bebé nunca, mucho menos con esa niebla que impedía ver a más de dos metros. El señor guiado por el llanto del niño consiguió llegar hasta el lugar del accidente.

Al rato subió muy nervioso con el bebé en brazos y le preguntó a su esposa dónde estaba la mujer. Esta le respondió que se había sentado en una piedra grande que había al lado de la carretera. Su hijo y ella la perdieron de vista unos momentos mientras trataban de llamar a los equipos de emergencia pero cuando miraron hacía la mujer ya no estaba.

Entonces el hombre se metió rápidamente en el coche con el bebé y le dijo a su mujer e hijo que hicieran lo mismo. Arrancó el coche y se fueron. Su mujer, muy asustada, le preguntó que por qué se iba con el bebé sin buscar antes a la mujer. El marido le dijo que se tranquilizara y que cuando llegaran a la próxima gasolinera le contaría.

Cuando llegaron, la mujer le pidió explicaciones al marido. Este le contestó que cuando bajó y encontró el vehículo accidentado vio a la mujer que les había dado el aviso muerta. Estaba muy fría y probablemente el accidente se había producido horas antes de que ellos pasaran por ese punto.

El espíritu de la gwishin era el que le había pedido ayuda para que salvaran a su hijo.

Historia número 3

Y aquí la más popular, que cuenta el origen de una Jayuro Gwishin muy popular.

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Un chofer acababa de terminar su turno de noche, únicamente debía dejar el autobús en la cochera antes de regresar a casa, un trayecto de unos 25 minutos pasando la autopista que siempre se le hacían eternos.

Mientras transportaba pasajeros su trabajo era entretenido, siempre podía escuchar las conversaciones de los demás; pero, con el autobús completamente vacío, los minutos se volvían horas. Además, estaba especialmente cansado, ya que la noche anterior apenas había dormido cuatro horas.

Mientras conducía, el sueño le iba venciendo y sin querer pegaba algún pequeño cabezazo. Se durmió apenas unas décimas de segundo, tiempo suficiente para perder el control del autobús y pegarse el susto de su vida al encontrarse en mitad de la calzada a una chica que asustada trataba de esquivar el pesado vehículo. Todo fue en vano: la velocidad a la que iba el vehículo, unida al estado de aletargamiento del conductor, provocaron que, incluso pisando el freno hasta su tope, el autobús arrollara a la joven. Eso lo estremeció y lo dejó helado.

Estaba bloqueado, sin duda había sido su culpa, la chica estaba muerta, de eso no había duda. Mirando por el espejo una vez detenido el autobús, se podía ver cómo el cuerpo boca abajo estaba destrozado. No había nadie cerca que hubiese visto el accidente y miles de ideas se agolparon en su cabeza. Se imaginó en la cárcel y sin nadie que pudiera llevar el pan a la mesa de sus dos hijos. En el mejor de los casos perdería su trabajo ya que había excedido las horas legales en que podía conducir un transporte. Seguro que su jefe, cuando se iniciara una investigación, le echaría a la calle antes de buscarse problemas él mismo.

Asustado y aún confuso pegó un acelerón comprobando que no hubiera nadie cerca que pudiera identificarle escapó de allí sin tan siquiera bajarse del autobús y en su huída no respetaba señales de tráfico ni los límites de velocidad. Una fuerte culpa le oprimía el pecho y como por instinto miró por el espejo interior del vehículo, no había nadie en los asientos pero sentía como si alguien le mirara fijamente. Entonces la vio…

En el último asiento había una chica sentada que no dejaba de mirarle, giró su cuerpo para revisar la parte de atrás sin usar el espejo, pero no había nadie. Temblando y con el cuerpo casi agarrotado por el miedo, regresó su mirada a la carretera, pero casi involuntariamente volvió a mirar por el espejo. La chica se levantó y comenzó a avanzar hacia él, de nuevo se giró y no pudo ver a nadie. Un nuevo escalofrío le recorrió la espalda, estaba tan asustado que quería bajarse del autobús y salir corriendo pero incluso para eso era demasiado cobarde.

Él se giraba una y otra vez a mirar la parte trasera del autobús, no había nadie, pero él sabía que estaba ahí, podía sentir su mirada clavándose en él. No se atrevía a mirar ese espejo que parecía tener algún extraño vínculo con el mundo de los muertos. Pero como la polilla que se acerca demasiado a la llama y acaba quemándose por no poder controlar sus instintos, miró una vez más por el espejo.

La chica no se había movido desde la última vez, estaba en el mismo lugar, como congelada, pero al regresar la mirada al espejo fue como si se reactivara, avanzó inexorablemente hasta el asiento del piloto, mientras paralizado, no podía apartar la mirada de la joven que se le acercaba, extendió su mano y agarró el hombro del conductor.

El hombre sintió como el frío más intenso que jamás pudo imaginar le quemaba el hombro, justo una fracción de segundo después una fuerte luz le alertó de que debía mirar de nuevo hacia la carretera: allí, un camión que circulaba por su carril le avisaba con sus luces de que estaban a punto de colisionar. Giró bruscamente el volante y el autobús perdió el control precipitándose por una ladera, el viaje terminó tan bruscamente como comenzó al impactar de frente contra un enorme árbol que igualmente se doblegó ante varias toneladas de acero.

El chofer despertó un día después en el hospital, la mirada incriminatoria de una enfermera le alertó de que algo iba mal, deseaba que todo fuera tan sólo un sueño, o mejor dicho una pesadilla. Pero una pareja de policías que habían estado esperando en la puerta de su habitación apareció tras que la enfermera les comunicó que él había recobrado la consciencia.

“Buenas tardes, señor, estamos aquí porque existen indicios de que el autobús que usted conducía atropelló a una joven la noche del viernes, se han encontrado restos de sangre que coinciden con los de la víctima y un fuerte impacto en su carrocería”.

“¿Reconoce usted a la chica de esta foto?”

Él palideció al instante al reconocer al fantasma que vio en el espejo e inmediatamente sintió de nuevo un frío desgarrador en el hombro: la chica aún seguía con él, esperando que cometiera el error de mirar de nuevo a un espejo. La quemadura con la marca de sus dedos en su hombro estaría ahí siempre para recordárselo.

Esta leyenda tiene varias versiones y muchas historias por contar, ya que se han registrado muchos casos extraños de accidentes en esta carretera. Pero eso lo dejaremos para otro día. ¿te atreves a mirar ahora en un espejo lo que hay detrás de ti?  Espero veros en la próxima entrega.

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